Este domingo el despertador suena a las 5 de la mañana. Todavía no amanece pero miles de personas ya están en pie, preparándose para uno de los mayores retos de su vida. Desayunan en silencio, mastican con calma. No deben perder la concentración para lo que está por venir. Se visten, chequean que los cordones de las zapatillas estén bien atados y que no olvidan nada. Es hora de salir de casa.

Las pisadas de los 10.000 atletas resuenan sobre el empedrado de los Bosques de Palermo. A las 7 de la mañana los nervios paralizan y, al mismo tiempo, impulsan. La voz del locutor marca el comienzo de la 33° edición de la Maratón de Buenos Aires, una de las carreras más importantes de Latinoamérica. Miles de corredores dejan atrás el punto de largada con paso firme, que marcará el ritmo de los pensamientos de cada uno. Ya no hay vuelta atrás, es el momento de comprobar si los meses de entrenamiento, alimentación especializada y rutinas calculadas sirvieron para consolidar el pilar más importante: la mente. Las casi cuatro horas que conllevan completar un recorrido de tal envergadura implican, ante todo, fuerza mental. “Correr una maratón te evita ir a un psicólogo”, bromea Fernando Sánchez, un corredor proveniente de Vicente López que lleva el dorsal 10.063.

Hay que censurar la mente, no hay espacio para pensar en el cansancio. Venirse abajo es fácil cuando el sol golpea fuerte, la respiración se vuelve pesada y los músculos arden. Hay quienes piensan en sus seres queridos, en los estudios, el trabajo o tareas pendientes. Muchos de ellos hacen foco en su familia y el encuentro los reunirá para el almuerzo. En Argentina este domingo 15 de octubre es, además, el Día de la Madre: “Pensé en ella y en mis hijos. El esfuerzo para terminar la carrera es ese”, explica Fernando.

Fortaleza y dedicación

Federico Sevilla, integrante del Área de Contabilidad de Coca-Cola Argentina, corre a su propio ritmo centrado simplemente en la autosuperación, tan difícil por momentos. “Depende mucho de la motivación, la perseverancia, de saber manejar la ansiedad en cada momento y estar preparado para soportar la exigencia física al máximo sin abandonar. Es por eso que me quiero poner a prueba en este desafío”, reflexiona, en la que se convertirá en su primera maratón.

Cada uno de los participantes que supera los 10, los 20 y los 30 kilómetros tiene una historia a la que aferrarse para no decaer. La de Gonzalo Escobedo, periodista chileno, es fraternal: llegó a Buenos Aires para participar de su séptima maratón, pero en esta ocasión tiene a su hermano por primera vez a su lado. Junto a él, corre frente a los monumentos más emblemáticos de la ciudad como el Planetario, el Obelisco, la Casa Rosada y La Bombonera, para configurar así la postal más completa de la ciudad.

Una quincena de puntos de hidratación divide los 42 kilómetros de trazado. Perfectamente alineados en mesas, 200.000 vasos de Bonaqua y 120.000 botellas de Powerade ION4 ofrecen alivio a la sed de los deportistas. Es la primera vez que la bebida isotónica de Coca-Cola, favorita de los atletas por su capacidad para reponer los electrolitos que se pierden tras el esfuerzo realizado, patrocina la carrera más importante del año en la ciudad.

“Para nosotros es un honor y un orgullo ser parte de esta carrera. Para la marca representa poder transmitir los valores que tiene, que es que la gente haga deporte y que consiga cada vez superar sus metas de una mejor manera”, expone Victoria Ahualli, Portfolio Manager para Argentina en el manejo de la marca Powerade. La composición de esta bebida isotónica ofrece a los corredores cuatro minerales que el cuerpo pierde durante el ejercicio: calcio, potasio, magnesio y sodio. Además, aporta carbohidratos y vitaminas b3 y b6 para ayudar al metabolismo energético, explica Victoria.

Cuatro horas después de la largada una buena parte del pelotón ya cruzó la línea de llegada, y es el momento de la entrega de medallas. Los keniatas Barnabas Kiptum (con 2 horas, 9 minutos y 48 segundos, nuevo récord del circuito), Semion Kariuki y el etíope Birhanu Bekele Berga suben al podio para colgarse el oro, la plata y el bronce, respectivamente. Entre las mujeres, las medallas son para la etíope Amelework Bosho (2 horas, 35 metros y 25 segundos) y las keniatas Rose Jepchumba y Ednah Mukhwana.

Sin importar lo que indique el cronómetro, lágrimas de emoción humedecen los rostros de los corredores. La victoria es suya. Es hora de celebrarlo.