El Ironman 70.3 es un triatlón no apto para novatos. Quienes se registran para participar saben que deberán dar lo mejor de sí mismos tanto física como psicológicamente para llegar a la meta, luego de recorrer 1,9 kilómetros a nado, 90 kilómetros en bicicleta y 21 kilómetros de carrera a pie.

La última edición del Ironman, que se realizó el pasado 12 de marzo en el municipio bonaerense de Tigre, convocó a cerca de 2.200 deportistas procedentes de una treintena de países, todos ellos unidos por sus ganas de poner a prueba sus límites. Desde las gradas los alentaron 15 mil personas. Una verdadera fiesta para unos y otros.

"El Ironman es una prueba de superación, una prueba de resistencia psicológica más que física. Es una competición con uno mismo", resume Paula Alonso, una brasileña que acompañó a su marido desde San Pablo a Buenos Aires, mientras busca un lugar desde el que poder ver la salida de los competidores.

"Hoy es un día de gloria porque es el día que corona el esfuerzo y el acompañamiento de la familia y el tiempo dedicado", añade Elvira Pasos, una porteña que ya encontró un lugar en las gradas y que observa cómo su marido se prepara para lanzarse al agua.  Aunque su prioridad ahora es el cuidado de su hija, atesora el recuerdo de haber participado en un Ironman antes de dar a luz.

Para Elvira, ser triatleta "es un estilo de vida" que requiere "mucha preparación y concentración" pero que se compensa cuando se logra llegar a la meta en el tiempo deseado. Hacer deporte, por otra parte, es en su caso una cuestión de familia: ella y su marido son triatletas, así como su suegro y su cuñado; su suegra, en tanto, es maratonista.

Cerca del punto de largada, Íñigo Ibarra y Sol Rajch –un joven matrimonio de argentinos que dejó a sus hijos al cuidado de sus abuelos–, esperan su turno para zambullirse y comenzar la competición.

Íñigo, que ya participó en el Ironman 70.3 de 2016 en Tigre y corrió como aficionado en triatlones de Australia, Brasil, Chile, Estados Unidos y México, destaca la organización y el despilegue  de esta edición.

Tanto él como Sol coinciden en que el tiempo de entrenamiento y los descansos son clave para enfrentarse al Ironman 70.3 y añaden la importancia de las bebidas isotónicas para acompañar las horas de ejercicio. "Tomamos Powerade en los entrenamientos y ahora para la carrera, como de costumbre, estamos hidratándonos con Powerade también", señala Íñigo con la botella en la mano. 

Rafael Coelho, un profesor de natación ecuatoriano que participa de la competencia, acudió a un nutricionista para estar a la altura del Ironman 70.3. "Es bueno consultar a gente que sabe para que te ayude a realizar esta prueba, que es muy exigente", explica. Las bebidas isotónicas también forman parte fundamental de su dieta, y las consume cada 30 minutos durante los entrenamientos, así como barras de proteína y geles de energía.

Bien hidratados

Durante su recorrido, los participantes contaron con 16 puntos de hidratación ubicados en carpas de recuperación desde los que entregaban botellas de Powerade ION4, la bebida oficial del evento, que aporta sodio, potasio, calcio y magnesio, minerales necesarios para reponerse del esfuerzo realizado. Además, durante la prueba de ciclismo se entregaron 6.000 squeezers (botellas adaptadas para expulsar el contenido de forma eficaz) de la bebida.

Tres horas, 42 minutos y 47 segundos después de la largada, llega a la meta el canadiense Lionel Sanders, de 29 años, campeón de esta edición. A medida que pasan los minutos van alcanzando el objetivo el resto de participantes, pero el orden de llegada pasa a ser anecdótico: alcanzar la línea final se convierte en victoria, y la sonrisa aparece en la cara de los nuevos “Ironman”.