La ciudad de Atlanta es clave en la vida de Sebastián Firpo, primer atleta argentino que se suma al International Olympic Committee’s Athlete Career Program de Coca-Cola. Y no es meramente porque allí se ubique la casa central de la Compañía. O, al menos, no sólo por eso.

En Atlanta es donde por primera vez Firpo participó de una edición de los Juegos Olímpicos con la selección argentina de vóley. Como nunca antes, allí sintió que se le achicaba el estómago ante la espectacular ceremonia de apertura y tembló de emoción cuando vio a 90.000 personas reunidas en el Estadio Olímpico del Centenario. También, donde pudo dar rienda suelta a su cholulismo deportivo y codearse en el comedor de la villa olímpica con atletas como las tenistas Steffi Graf y Mónica Seles.

Hoy, tras más de 20 años de una exitosa carrera deportiva, Atlanta vuelve a ser importante para él gracias a Coca-Cola. El programa para ex deportistas olímpicos le permitió reorientar su carrera profesional hacia el Marketing y acortar el período de duelo y confusión que sufren algunos atletas cuando su trayectoria deportiva llega a su fin. Firpo casi no tuvo tiempo de sentirlo porque dejó de jugar profesionalmente en marzo de este año e ingresó a Coca-Cola de Argentina en abril.

“Me llamó la atención que una empresa como Coca-Cola se interesase por un ex atleta olímpico”, dice Firpo, quien asegura que Coca-Cola siempre estuvo culturalmente presente en su vida. “La asocio con la botella de vidrio que compartía los domingos en la casa de mis abuelos, en esos almuerzos que se extendían hasta las cinco de la tarde. Lindos momentos”, recuerda.

También lo motivó la estabilidad y el aprendizaje que, durante un año, brinda el programa creado en 2011 por Thierry Borra, Director of Olympic Games Management en Coca-Cola. Hace un par de años que venía preocupado por mi futuro. Siempre tenía la opción de seguir con el vóley porque soy técnico, pero a nivel de proyecto familiar estábamos buscando algo más estable”, explica Firpo, papá de mellizos de tres años. 

Sebastián Firpo y la antorcha olímpica, que se expuso durante una semana en la planta de concentrados de Coca-Cola.

Un largo romance

El romance de Firpo con el vóley empezó en su ciudad natal, San Nicolás de los Arroyos, ubicada a 200 kilómetros de la capital de Argentina. En el club de la fábrica de la metalúrgica SOMISA, donde trabajaba su papá, jugó al fútbol, al rugby y practicó natación y tenis. “Yo era muy inquieto y le rompía todas las plantas del jardín a mi mamá jugando a la pelota. Así que para que sacara toda mi energía adolescente me mandó a vóley con mi hermano, que ya practicaba”, recuerda.

Tuve la suerte de que cuando empecé, a los 12 años, no había nadie de mi edad, entonces siempre jugué con gente más grande y eso me ayudó a mejorar mucho y muy rápidamente”, señala. Al poco tiempo fue convocado para la selección nacional menor, luego para la juvenil y, finalmente, para la mayor.

La lesión de un compañero le permitió ocupar su lugar como segundo armador y su carrera despegó. Viajaba a torneos y hasta participó de la Copa del Mundo que se disputó en Japón en 1995. Con tan sólo 19 años, había llegado a un gran lugar en su deporte sin haber hecho esfuerzos desmedidos ni pretemporadas extenuantes. ”Soy un talento, me decía a mí mismo”, reconoce.

Sin embargo, la llegada de otro armador le demostró que aún tenía mucho por aprender. “Empecé a quedar fuera de las convocatorias y me tuve que replantear mi actitud y esforzarme más”, dice. El esfuerzo tuvo frutos por partida doble. Participó de los Juegos Olímpicos de Atlanta y de los Sidney en el 2000, donde el equipo se lució y logró el cuarto lugar. Aprendió a tolerar la frustración y enfocarse en el objetivo. Esos son dos valores que hoy aporta a su trabajo en Coca-Cola.

“Los deportistas fracasamos mucho más de lo que tenemos éxito. Lidiamos todo el tiempo con palabras como miedo y fracaso y aprendemos mucho de una derrota porque nos quedamos pensando en lo que hicimos y en lo que podríamos haber hecho. Durante nuestra carrera desarrollamos virtudes como el  manejo de las presiones y los fracasos, de una forma diferente a la que da el trabajo corporativo del día a día”, explica.

En Coca-Cola de Argentina, Firpo aporta una mirada experta y, a la vez, fresca sobre los eventos deportivos que esponsorean las marcas. Trabaja con Powerade y en la planificación de la participación de la Compañía en Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. “En muchas reuniones trato de dar algunos inputs para algunos claims de la marca. Tratamos de ver lo que percibimos desde el lado del atleta: cómo nos acompaña una marca y qué nos hace falta. Yo doy mis vivencias”, dice.

A cambio, dice que Coca-Cola le aporta nuevas perspectivas.Desde que llegué me puse en ´modalidad esponja´ para tratar de aprender lo más posible –asegura–. Me costó un poco la adaptación pero creo que estoy aportando mi granito de arena y generando nuevas oportunidades.”