El futuro sustentable de nuestras ciudades está en las manos menos pensadas: las de los recicladores urbanos. De ser marginados –y hasta considerados criminales– en el pasado, hoy se convirtieron en actores clave para construir una nueva economía.

En América Latina y el Caribe hay cuatro millones de recicladores urbanos. Es decir, personas cuyo sustento de vida se basa en la recolección, transporte, separación y venta de materiales reciclables como cartón, papel, vidrio, plástico y metal.

Su trabajo es fundamental para fortalecer el reciclaje inclusivo, algo esencial para transformar las ciudades y pasar de la economía productiva lineal a la circular. Esto es, ir de un modelo basado en extraer-producir-desechar al de reducir-reutilizar-reciclar.

Pero su valor no se proyecta solo a futuro. Hoy mismo contribuyen con aproximadamente el 25%-50% de toda la recolección de residuos reciclados a nivel municipal en América Latina y el Caribe, según datos del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat). “A su vez, aportan servicios a los gobiernos municipales, como extender la vida útil de los rellenos sanitarios, reducir los costos de transporte y las emisiones de carbono”, señala un reciente informe de The Economist Intelligence Unit llamado “Avances y desafíos para el reciclaje inclusivo”.

El estudio tiene el apoyo de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), creada en 2011 y conformada por el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), la División de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Coca-Cola América Latina, Fundación Avina, la Red Latinoamericana de Recicladores (Red-LACRE) y PepsiCo Latinoamérica.

San Pablo, Buenos Aires y Bogotá, en el camino correcto

Se llama “reciclaje inclusivo” a los sistemas de gestión de residuos que priorizan la recuperación y el reciclaje, reconociendo y formalizando el papel de los recicladores como actores clave en dichos sistemas. Estos se construyen con normativas y políticas públicas, iniciativas, programas y acciones de los sectores públicos y privados.

Cada vez más gobiernos adoptan estos sistemas en pos de fortalecer la gestión integral de residuos sólidos, que tiene al reciclaje como estrategia central para la preservación de los recursos naturales y la reducción del consumo energético y las emisiones de carbono.

The Economist evaluó la dinámica de reciclaje inclusivo de 12 ciudades de nuestra región y determinó que San Pablo (Brasil), Buenos Aires (Argentina) y Bogotá (Colombia) lideran el tema. Se analizaron tres dimensiones: normativa (marco institucional y políticas), organizativa (sobre modalidades de asociación y empoderamiento) y de mercado (sobre la interacción de los recicladores con el mercado más amplio).

De San Pablo, el informe destaca la presencia de una política nacional y local sólida y participativa. De Buenos Aires se resaltan las cuestiones normativas, de reconocimiento al servicio prestado por recicladores y por el nivel productivo y organizativo de las organizaciones formales. Bogotá, por su parte, cuenta con una sólida normativa de reciclaje y las organizaciones de recicladores se han hecho visibles ante los organismos nacionales.

“Sin embargo –advierte el informe–, los resultados del estudio también destacan que, si bien hay ciudades más desarrolladas en la materia, los promedios de las 12 ciudades en cada dimensión (normativa, organizativa y de mercado) resultaron muy bajos. Existe mucho espacio para mejorar hacia lo que se consideran las mejores prácticas de reciclaje inclusivo.”