Las botas se hunden en la tierra, todavía húmeda por el rocío de finales de otoño. La neblina difumina los cientos de naranjos cargados de frutos y que, incluso sin flores, envuelven el campo con perfume a azahar. Estamos de visita en el predio experimental del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Concordia, en la provincia de Entre Ríos. Para ser precisos, nos encontramos en el lote donde se cultivan los naranjos que, gracias un proyecto de investigación financiado por Coca-Cola de Argentina, permitirán mejorar la calidad de los frutos y al mismo tiempo aumentar el rinde de la producción de cítricos, que es el motor económico de la región.

La Compañía invertirá en este proyecto de investigación US$ 635.000 en los próximos seis años.  Ya anunció su intención de triplicar la compra de jugo concentrado de naranja para el mercado local para 2025, pasando de las 6.000 toneladas de jugo concentrado de naranja actuales a 18.000 en los próximos años.

“Se trata de un convenio de asistencia técnica: el INTA proveerá a Coca-Cola la información que surja de la investigación”, explica Fernanda Rivandeneira, coordinadora técnica y quien nos acompaña en el recorrido por el campo. Fernanda destaca además que “esa información estará disponible también para los productores y el medio productivo de la zona, que se caracteriza por los bajos rindes”.

Se trata, en definitiva, de diversificar la producción actual para sumar frutas de calidad óptima para el comercio industrial, y aumentar los rindes por planta para cubrir la demanda creciente.

El trabajo de campo que el INTA realiza sobre las plantas y frutos que crecen en el lote experimental se complementa con el estudio de laboratorio, donde se somete a las naranjas a exhaustivos análisis de calidad. Nuestro guía en el luminoso laboratorio es Juan Mousques, técnico del INTA abocado al estudio de los cepos (trampas) más efectivos contra la mosca de la fruta, que echa a perder “cerca del 25 % de los cítricos”. El método que busca difundir es el “trampeo masivo” con productos biológicos, más sustentable con el medio ambiente que los agroquímicos que se usan habitualmente.

Asimismo, el INTA podrá gracias a este convenio recopilar toda la información disponible en sus registros, que todavía no había sido procesada ni informatizada por falta de fondos.

“Se trata de un proyecto a largo plazo, que incluye un seguimiento de seis años, que será suficiente para acompañar las etapas iniciales de los lotes”, explica Fernanda. “Podemos hablar de 30 años de vida útil de plantas perennes”, agrega. El convenio “es favorable para todo el medio productivo” y las conclusiones de los estudios realizados estarán al alcance de todos los productores, lo que implica beneficios de los que podrán disfrutar millones de personas.