Abrir la canilla, acercar un vaso y llenarlo con agua para saciar la sed: una secuencia de acciones sencillas, tan cotidiana que ni siquiera reparamos en ella. Sin embargo, lograr que el agua que sale resulte apta para el consumo humano puede ser un desafío.

Cuando el hogar en el que uno habita está integrado al sistema de canalización de agua de una potabilizadora, no existen inconvenientes; pero la situación cambia cuando la vivienda se encuentra lejos de cualquier instalación de esa clase y el agua disponible es la de lluvia, pozo, o la de alguna vertiente cercana. Esta es la situación del 15,3% de los argentinos, que no tiene acceso a agua por red pública y necesita un sistema de abastecimiento de agua privado, según datos de la Secretaría de Recursos Hídricos.

¿Qué hacer ante la falta de agua segura? A este interrogante se enfrentan varias escuelas-hogar del país a las que asisten cientos de chicos no sólo para estudiar: como su casa queda muy lejos, viven allí durante dos semanas consecutivas antes de regresar a su hogar. Las escuelas, entonces, asumen la responsabilidad de educarlos y también la de proveerles alimento saludable y agua potable.

En Río Negro, Proyecto Agua Segura -una ONG argentina dedicada a facilitar el acceso a agua potable-, proveyó filtros portátiles para purificar el agua en siete escuelas. Del proyecto participan también Fundación Ruta 40, Coca-Cola y su socio embotellador Coca-Cola Andina.

Los dispositivos diseñados por la compañía Lifestraw son los únicos que cumplen con los más altos estándares en protección sanitaria según Organización Mundial de la Salud. Su uso elimina el riesgo de que las personas contraigan enfermedades relacionadas con el consumo de agua no apta para el consumo humano. Según la OMS contar con un servicio de agua potable por red de forma continua puede reducir hasta en un 70% los casos de diarrea. De hecho, se estima que en la Argentina en el año 2012 se produjeron 265 muertes relacionadas con diarrea producida por el inadecuado acceso al agua y saneamiento y/o prácticas de higiene.

“Pueden filtrar el agua de forma nanométrica, eliminando virus, bacterias y parásitos del agua sólo con la fuerza de gravedad", explica Nicolás Wertheimer, fundador del Proyecto Agua Segura. No solo eliminan bacterias, sino que reducen la turbiedad, el mal olor, colores y sabores que pudieran encontrarse en el líquido.

Los filtros, que van unidos a unos contenedores, tienen una capacidad de filtración de 12 litros de agua por hora y una vida útil de hasta 100.000 litros, lo que representa el consumo aproximado de 100 personas durante tres años.

"Se coloca agua en la parte superior de los dispositivos, se espera a que la fuerza de gravedad haga su efecto a través de los filtros de malla y automáticamente se obtiene agua segura del otro lado", describe.

El resultado del filtrado:

·         -Se elimina el 99.9999% de las bacterias (E. coli, etc.)   

·         -Se elimina el del 99,999% de los virus (Rotavirus, Hepatitis A)   

·         -Se elimina mínimo 99,99% de los quistes de protozoarios (Giardia, Cryptosporidium)

·         -Se reduce la turbiedad

Además:

·         -No se emplea energía eléctrica, baterías o piezas de repuesto

·         -No se requiere de agua corriente y potable en el suministro

Gracias a la iniciativa de Agua Segura, en Rio Negro se beneficiaron de manera directa no sólo los 250 chicos que asisten a las siete escuelas, sino también los integrantes de las comunidades cercanas que hoy pueden completar todas las veces que quieran la cotidiana secuencia canilla-vaso-agua sin poner en riesgo su salud.


 

Si querés saber más sobre el Proyecto Agua Segura leé esta nota.