La docencia es una tarea plagada de desafíos, mucho más cuando se trata de ejercer la vocación en una escuela hogar, donde los chicos estudian, comen y duermen. Como director y con los compañeros docentes de la Escuela Hogar Nº 231, ubicada en el Departamento de Pilcaniyeu de la provincia de Río Negro, nos enfrentamos al reto no sólo de enseñar a los  alumnos contenidos de matemáticas, lengua y ciencias, sino que, a falta de instalaciones para la canalización de agua salubre, debemos  educarlos en la prevención  respecto de cómo consumir agua no contaminada. 

Nuestros alumnos son chicos de 1° a 7° grado que están aquí como si fuera su hogar, con las mismas necesidades. Sin embargo, éstas no pueden ser cubiertas de una forma convencional ya que algo tan básico como contar con agua apta para el consumo no siempre es fácil de conseguir.

Aunque en las ciudades sea un ejercicio casi mecánico el de abrir la canilla y que salga agua potable, en nuestra escuela no contamos con plantas potabilizadoras convencionales mantenidas por expertos dependientes del estado. Para el funcionamiento de la escuela y el consumo de los chicos dependemos del agua procedente de una vertiente cercana que, a través de filtros y de un clorinador, se convierte en apta para el consumo.

En este contexto, los docentes les enseñamos a los chicos a cuidar el agua, ya que cuando avanza el verano comienza la sequía.

Afortunadamente, la situación cambió hace unos meses, cuando a través del Proyecto Agua Segura, la Fundación Ruta 40 y Coca-Cola de Argentina se instalaron filtros portátiles de alta tecnología con los que limpiar el agua de la que disponemos. Ahora tenemos un elemento que nos permite – en caso de que se  seque la vertiente - eliminar las bacterias, virus y la turbiedad, el mal olor, colores y sabores que pudieran encontrarse en el agua de otra procedencia.

Fue realmente como caído del cielo. Este adminículo nos permite usar el agua filtrada, y además tiene su propio dispenser, así que podemos ubicarlo cerca del aula, como necesitábamos. Estamos muy contentos además porque también la gente que vive en torno a la escuela puede hacer uso del filtro.

Me gustaría destacar en mi testimonio cómo las empresas privadas también pueden traer soluciones a las comunidades. Si bien es el Estado el responsable del mantenimiento de estas escuelas, está bueno que la comunidad se involucre, así que es una manera de cooperar muy bienvenida.  

El mío es un agradecimiento no sólo personal, sino también de parte de los chicos y sus familias, cuya vida cotidiana mejora ahora que pueden disfrutar del agua potable.


 

José Raúl Ceci es Director de la Escuela N°231 de Río Negro.