“Cuidarse a uno mismo, cuidar al otro, cuidar el agua”, repite Constanza Caminos ante los chicos que la escuchan sin apenas parpadear. Esta joven psicóloga, que integra el equipo de trabajo de Proyecto Agua Segura, viaja cada mes a diferentes localidades de la Argentina que no tienen acceso a agua potable, para llevar filtros de agua y capacitar sobre la importancia de la higiene y el cuidado de este recurso. Esta oportunidad, dos equipos de la ONG visitarán en Entre Ríos 15 escuelas y 6 merenderos, en el marco de una iniciativa que ya llevó filtros a 250 escuelas rurales del país.

Una quincena de niños de entre 3 y 12 años escuchan a Constanza en la Escuela N° 23 Hans Christian Andersen, ubicada en el departamento de Concordia. Entre juegos y canciones, aprenden cómo es el ciclo del agua, cómo deben lavarse las manos y qué condiciones debe tener el agua para que puedan beberla sin riesgos. Las madres de los chicos, sentadas al final del aula junto a los maestros, también disfrutan la presentación.

Rodeada de un bosque de eucaliptos, la escuela está a 20 kilómetros del centro de Concordia. El camino que la une a la ciudad, sin asfaltar, se torna intransitable luego de cada lluvia: los tractores se transforman entonces en el único vehículo apto para realizar el recorrido. Asisten a clase 35 alumnos, quienes además reciben desayuno y almuerzo en la escuela. El agua con la que se preparan las comidas proviene de un pozo situado a escasos metros de las aulas, que se limpia una vez al año: los problemas estomacales están a la orden del día.  

Marisa Fernández, directora de la escuela y maestra de primer grado, celebra la llegada del filtro, donado a la escuela gracias a la alianza entre Proyecto Agua Segura y Coca-Cola de Argentina. El dispositivo tiene capacidad para tratar hasta 100.000 litros de agua, y elimina el 99,9% de los virus y bacterias que podría contener. “La verdad es que estamos muy contentos por contar con este filtro”, explica Marisa, quien confía en terminar de una vez con las dolencias que ocasionalmente afectan a los chicos por el agua que consumen.  

Griselda Moreira, madre de dos alumnos de la escuela, cuenta que en su casa también toman agua de pozo, por lo que la visita de Constanza resultó reveladora: “Ahora aprendimos cómo realmente tenemos que lavarnos las manos para que estén limpias y no nos enfermemos con las bacterias”.

La situación se repite más tarde a unos pocos kilómetros, en la Escuela N°18, donde asisten 130 alumnos. Ivana Lapskinsky, maestra auxiliar del equipo directivo, gestiona parte del día a día de esta escuela de jornada extendida, en la que imparten clases a niños de entre 4 y 13 años. Para afrontar el intenso ritmo sirven a todos los alumnos desayuno, almuerzo y merienda. Aunque el tanque de la escuela está conectado a la red de agua potable de Concordia, Ivana asegura que “en muchos casos es agua de color rojizo, con suciedad, arena y piedras que van quedando en los filtros de agua”.

“En 11 años de docencia te puedo decir que para el desarrollo normal de clases el agua es muy importante”, explica Ivana, cuya carrera profesional la llevó por varias escuelas de la región y para quien el acceso a agua segura implica poder impartir clases en “condiciones dignas”. Ni más, ni menos.


 

Si querés saber más sobre el proyecto de Coca-Cola y Agua Segura en Río Negro, leé esta nota.

Si querés conocer otros proyectos de Agua Segura en escuelas rurales, hacé click acá.