Rodeada de kilómetros de campo, a unos metros de la ruta, aparece una construcción que podríamos describir incluso con los ojos cerrados: paredes blancas, techo a dos aguas, la bandera flameando en lo alto del mástil, la campana… Una escuela rural como tantas otras, postal entrañable del interior del país.

Detengámonos por un minuto en ella: la Escuela N°8 del paraje El Siasgo, a 40 kilómetros de San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. Allí los alumnos y sus familias terminaron 2016 con un buen motivo para celebrar. Silvina Confeggi, la directora, introduce el tema: “Estamos ubicados a pocos kilómetros del río Salado, cuya crecida modifica las condiciones del agua que tomamos, que proviene de un pozo”. Históricamente, la imposibilidad para realizar controles de calidad periódicos determinaba que muchas veces los chicos sufrieran de malestares estomacales, tras haber bebido en la escuela agua que no era apta para el consumo.

Con el patrocinio de Coca-Cola, la Fundación Hábitat y Desarrollo aportó su grano de arena para mejorar esta realidad y la de otras 14 escuelas rurales de las localidades bonaerenses de Navarro y San Miguel del Monte, y la entrerriana Colón, donde instaló filtros purificadores de agua.

La acción se enmarca en el proyecto Agua en Escuelas, una de las principales iniciativas de la fundación, destinada a que los chicos beban agua segura. Se trata de mejorar la calidad de vida y la salud de la comunidad educativa acercando a las escuelas rurales nuevas tecnologías que permitan purificar el agua de pozo de la que se abastecen.

“La inundación de 2015 dejó a la comunidad aislada y la escuela se transformó en el centro desde donde se gestionaban todas las ayudas, como transporte y provisión de agua potable. Cuando superamos esa situación, veíamos que el agua para tomar seguía turbia. Tras unas semanas volvió a estar límpida pero, a falta de estudios, no estábamos seguros de que fuera apta para beber”, relata Silvina, la directora. 

Una solución para mil chicos

El trabajo de la Fundación comenzó por el diagnóstico. Con diversos estudios, buscó determinar la calidad del agua que consumían los alumnos, y los resultados fueron elocuentes: en cuatro de las 15 escuelas evaluadas, este recurso no era apto para el consumo desde el punto de vista bacteriológico, mientras que ninguna “aprobaba” el análisis fisicoquímico.

“La problemática surge porque en las zonas rurales el acceso al agua de red es poco habitual”, explica Javier Jurado, miembro del equipo técnico de la Fundación. “Tras el examen fiscoquímico y bacteriológico detectamos que el agua no era apta para el consumo humano, por lo que instalamos filtros purificadores que eliminan el 99,9% de las bacterias y el 98% de los minerales presentes en el agua”, agrega.

Los equipos instalados funcionan por ósmosis inversa, una tecnología de purificación de agua que logra un elevado porcentaje de retención de contaminantes. Se eliminan así bacterias, arsénico, mercurio, cianuro, zinc, cobre, cadmio, uranio, selenio, antimonio, THM´s, cloraminas, sedimentos, suciedad, cloro, plomo y cromo. El agua resultante es nanocristalina y óptima para el consumo humano, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud.

Adriana Pérez, la maestra de 4°, 5° y 6° grado de la Escuela N° 8, explica que el problema de provisión de agua segura que tenía la instalación la llevó a incorporar, dentro de los contenidos de Ciencias Naturales, educación respecto de cómo este recurso y cómo hacer para potabilizarlo, en el caso de dudar de su pureza. “Ahora lo seguiremos enseñando, pero ya no tenemos ese problema. Los chicos toman agua potable en la escuela y también pueden llevarse una provisión para su casa si lo necesitan”, comenta.

Gracias a los filtros instalados en estas 15 escuelas rurales, alrededor de 1.000 chicos beberán agua segura, además de los maestros y empleados del lugar.

“Cuando decimos que el agua es un recurso esencial para la vida, tiene que ver con los beneficios directos para la salud de las personas”, relata Cristian Pérez, Gerente de Asuntos Públicos para Coca-Cola de Argentina. “Por eso, en la Compañía buscamos trabajar de manera articulada con el sector social y el Gobierno en proyectos que permitan integrar capacidades y recursos con el objetivo de contribuir cada vez más con el bienestar de las comunidades donde tenemos presencia. En este caso particular, ese beneficio se logró gracias al acceso al agua segura”, concluye.

Para la directora de la escuela, la alegría es indisimulable: “Estoy muy contenta. Gracias a la Fundación Hábitat y Desarrollo y a Coca-Cola, se hace posible en este paraje tener el agua que los chicos y la comunidad necesitan para una vida más saludable”.



Fuente: Canal de Youtube The Coca-Cola.Co