Hay quien no puede articular una sola palabra por las mañanas sin café, y otros que necesitan mucho más que eso para empezar bien el día: un desayuno perfecto en el que no pueden faltar las tostadas, la mermelada, los cereales, tal vez algún yogurt y, desde luego, un vaso generoso de jugo de naranjas.

Originario de Asia, el cultivo de naranjas se propagó gracias a la Ruta de la Seda. Los árabes lo introdujeron entre los españoles y éstos, en América. En la Argentina, la producción se concentra en el litoral, donde miles de naranjos en hilera perfuman los campos con olor a azahar.

Presente ahora en buena parte del planeta, la citricultura enfrenta un desafío mayúsculo que ya destruyó el 30% de la producción mundial. Se trata del HLB, una enfermedad trasmitida a la planta por el insecto Diaphora Citri y cuyo avance devastó a zonas tradicionalmente citrícolas, como Florida, en los Estados Unidos, donde quedó en pie sólo el 8% de la producción. China y Tailandia, en tanto, perdieron el 50 % de sus cítricos; el Caribe tiene prácticamente la totalidad de sus naranjos infectados y Brasil ya perdió 200.000 hectáreas de cultivos.

El HLB es letal: una vez detectada la infección, la planta debe ser talada. Por ese motivo, la detección inmediata es una herramienta fundamental para su control.

Atentos a este problema, la Asociación de Citricultores de Concordia se embarcó en un proyecto para ponerle freno al HLB, que este año sumó el financiamiento de un socio estratégico: Coca-Cola de Argentina aportó $7.000.000 para acelerar el monitoreo de los cítricos de la zona, cuya producción es el motor económico de la región.

Una medida que protege el empleo

La citricultura en Entre Ríos supone el 80% de su economía y genera unos 37.000 puestos de trabajo. Se trata de un sistema productivo mayoritariamente familiar: el 80% de la superficie cultivada pertenece a productores que poseen entre 20 y 50 hectáreas. “Si no se controla el HLB, ese sector deja de producir y se pierde la esencia de la inclusión social que caracteriza la citricultura”, destaca por su parte Julio Jaime, Tesorero de la asociación.

“Lo que pusimos en marcha en Entre Ríos, gracias al apoyo económico que de Coca-Cola, es el primer trabajo serio y grande que se hace en el mundo para prevenir el HLB”, celebra Cecil Taylor, Vicepresidente de la asociación, uno de los anfitriones del desayuno en el NH City de Buenos Aires en el que se presentó el proyecto a la prensa.

La otra pata de este acuerdo es el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), un aliado estratégico encargado de coordinar el monitoreo de cultivos. La financiación del proyecto permitió triplicar la capacidad de monitoreo y el análisis de muestras.

“Desde marzo de 2017, pudimos monitorear 1.281 hectáreas y tomar 270 muestras. Todas dieron negativo, lo que nos acredita a afirmar que Entre Ríos es una provincia libre de HLB”, anuncia Juan Verliac, Director Técnico de la Asociación.

“Estamos muy orgullosos de este proyecto. Somos conscientes del impacto de Coca-Cola en la región y compartimos la preocupación de los productores” señala Cristian Pérez, Gerente de Asuntos Públicos de Coca-Cola de Argentina. La Compañía compra a productores locales 42.000 toneladas anuales de jugo concentrado, que representan u$s250 millones anuales para las economías regionales. “Nuestra cadena de valor comienza en el campo. Sabemos que detrás de estos números hay familias, sueños y proyectos de vida que queremos seguir acompañando”, afirma Cristian.

La mejor manera de hacerlo, qué duda cabe, es protegiendo su fuente de trabajo: la que convirtió a Entre Ríos en productora citrícola por excelencia y que nos permite disfrutar de un delicioso jugo de naranja cada mañana.