La sala reservada para la 4° Convención Internacional de Coleccionistas de Coca-Cola en Argentina y Latinoamérica se distingue como un gran punto rojo en el predio de Tecnópolis, en la provincia de Buenos Aires. Por cuarto año consecutivo, expositores de la Argentina, Brasil, Uruguay, España -entre otros países – se reunieron el 24 de septiembre último para mostrar al mundo sus más preciados tesoros de Coca-Cola.

Como si fuesen miembros de un mismo equipo a punto de salir a la cancha, los 60 coleccionistas que participan de esta edición se distinguen por su camisa roja adornada con una onda blanca. Ordenan sobre sus mesas más de 4.000 artículos –series de latas producidas especialmente para competencias deportivas, botellas de vidrio de distintas épocas, heladeras de otras épocas y prendedores con Coca-Cola como inspiración, entre otros– mientras esperan la señal de largada.

La actividad comienza cuando Javier Petrera, presidente de la Asociación Civil de Coleccionistas de Envases y Objetos de Gaseosas Cola, toma el mango de una campana de bronce que lleva el sello de Coca Cola y la hace sonar. Personas de todas las edades quedan en silencio por un instante –como ante el sonido de una botella que se destapa– y luego estalla el bullicio. Coleccionistas y visitantes recorren la muestra, señalan objetos que los sorprenden y comentan anécdotas sobre su historia particular con la marca.

Un poco alejado de las mesas de exposición, en una esquina, un sector llama la atención de los más curiosos. Se trata del “museo”, un espacio donde se exhiben 300 objetos que tienen un valor especial para los coleccionistas. Tanto es así que rara vez aceptan sacarlos de sus casas. Entre ellos se destaca una botella escrita en braille que fue parte de una serie con los nombres de los jugadores de la selección argentina de fútbol para ciegos “Los Murciélagos”.


Un encuentro que crece

La primera reunión de coleccionistas argentinos se realizó en 2012 y superó ampliamente las expectativas de los organizadores. “Pensamos que iban a venir 200 o 300 personas y vinieron 2.500. A partir de eso, nos propusimos hacer algo internacional”, recuerda Petrera. A partir de ese año, se decidió que la convención trascendería el país. Además, se mudó la locación del Hotel Bauen, en Ciudad de Buenos Aires, al Centro Cultural Recoleta y Tecnópolis los años siguientes. Estos dos últimos lugares, al ser en si mismos centros de exposiciones, generaron mayor tránsito de visitantes.

La apuesta fue exitosa: según Petrera, entre 2013 y 2015, pasaron aproximadamente 40.000 personas por el encuentro de coleccionistas. Argentina fue el primer país de América Latina en el que se hizo una convención internacional. A partir de esta experiencia, se crearon iniciativas semejantes en Colombia, México y Chile.

“Hicimos un grupo de amigos muy lindo. La convención demanda mucho trabajo. A raíz de esto hubo muchísima gente que empezó a coleccionar”, dice Petrera. Matías D’Agostino, también organizador del encuentro, se atreve a una confesión más radical: “En primera instancia, mi familia y mis amistades. Después, enseguida, viene Coca Cola”.

Los coleccionistas continúan pensando proyectos para que la comunidad siga creciendo. El próximo objetivo es extender la iniciativa a más países de la región y, así, seguir expandiendo y profundizando el entusiasmo que sienten cada año cuando escuchan el repiqueteo de una campana.