Cuando hace 31 años Javier Petrera recibió como regalo un espejo decorado con motivos de Coca-Cola, nunca imaginó que a esa pieza se le sumarían miles más y que su colección rondaría hoy los 16.000 objetos. Las paredes de su casa, ubicada en una tranquila calle del barrio porteño de Chacarita y conocida entre los coleccionistas como “el Templo”, están cubiertas de carteles y estanterías donde se exhiben desde botellas a cascos de aviador, pasando por latas, bates de béisbol, palos de golf, anzuelos y muñecos, todos con el logo de la marca más famosa del mundo.

“Siempre aparece algo nuevo para enriquecer la colección”, explica Javier, quien, tras décadas coleccionando productos de la Compañía, dejó de contabilizar cada nueva adquisición.  A su modo de ver, “absolutamente todo, todo, todo lo que sea de Coca-Cola” es coleccionable, pero reconoce que el foco de atención lo tiene puesto en las botellas de cristal macizo conmemorativas y las decoradas con diseños de la cadena de restaurantes McDonald’s.  “Me picó fuerte”, reconoce sonriente. Otro criterio que aplica es buscar “lo más antiguo y más raro”.

El encanto de las botellas conmemorativas reside en que son de edición limitada. “No es la botella común de bar”, explica, sino que es “la que se hace por algún evento”, como la asunción presidencial de George W.Bush o las dos investiduras de Barack Obama. En este momento, Javier se mantiene a la expectativa del lanzamiento de una botella alusiva a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Javier reconoce que es “imposible” reunir todas las piezas de Coca-Cola que circulan por el mundo y advierte que lo importante es “tener paciencia”. De hecho, algunos objetos tardaron en llegar a su colección hasta diez años. “Coca-Cola saca continuamente nuevos objetos. Si fuera muy fácil obtenerlos, quizás no perduraría ese gustito tan lindo que tiene coleccionar las cosas de la marca”, razona.

La pasión de Javier alcanza todos los rincones de su hogar: hasta la mampara del baño tiene el diseño de la onda dinámica que caracteriza la marca. “A mí me traes cualquier cosa de Coca-Cola y soy feliz. Es el mejor regalo que me podés hacer”, continúa.

Su interés por los coleccionables lo llevó a recorrer buena parte del mundo y a forjar amistades con las que comparte su misma afición. Hace cinco años, Javier y un grupo de “20 locos” –como él mismo los describe- decidieron en una de las periódicas reuniones de coleccionistas fundar la Coca-Cola Argentina Collectors, primer club de Latinoamérica de este tipo y cuyo orgulloso presidente, claro está, es Javier. 

La pasión que comparten por la marca y sus objetos los llevó a organizar una feria nacional de coleccionistas de productos de Coca-Cola en 2012, y cuatro ferias internacionales –en 2013, 2014, 2015 y 2016-, que en total reunieron a cerca de 42.000 personas.  “Para nosotros es un sueño poder juntar a la gente bajo una misma pasión y un mismo amor”, reconoce Javier. “No buscamos ningún beneficio económico: esto lo hacemos por un amor increíble que tenemos hacia Coca-Cola y hacia todas las cosas que tiene la marca”, asegura.

Coleccionista generoso, Javier está disponible “para todo el mundo” a todas horas: “Reuní piezas muy buenas que me costó mucho conseguir y es un placer tenerlas, disfrutarlas y compartirlas”, explica.  Aquellos que visiten su casa encontrarán decenas de gorras, copas e incluso cheques de Coca-Cola emitidos por la embotelladora que operaba en Cuba antes de la revolución encabezada por Fidel Castro en los años ´50.

Al preguntarle sobre proyectos pendientes, Javier reconoce que le gustaría abrir un bar temático con los objetos que tienen los integrantes de Coca-Cola Argentina Collectors. “No me cabe la menor duda que sería un golazo. Podríamos hacer algo muy llamativo”, asegura.

Mientras tanto, Javier trabaja en la que podría ser su obra maestra: el diseño de su nueva casa, basada en los motivos decorativos de Coca-Cola. Y aunque no quiere develar aún los planos, adelanta que tanto la pileta como una fuente se realizarán con formas inspiradas en los productos de Coca-Cola.

“La colección de Coca-Cola representa un parte importantísima de mi vida. Es más que un hobby, es una pasión: siento un amor enorme hacia todo lo que voy armando. También le ponemos un gran compromiso a todo lo que hacemos a nivel club; nos da una gran felicidad compartir nuestra amistad y nuestra  pasión por el coleccionismo”, concluye Javier.