Heroicas. Así podrían calificarse las atajadas ante Brnovich y Hadzibegic en cuartos de final, y ante Donadoni y Serena en las semifinales del Mundial de Italia 1990, que transformaron al arquero Sergio Goycochea en uno de máximos ídolos del deporte argentino. Pasaron 27 años de aquella hazaña y el ex futbolista continúa ligado a la actividad que ama, aunque desde otro lugar. En su rol de padrino de la Copa Coca-Cola, y en entrevista con Journey, “Goyco” transmite su experiencia a los más jóvenes y destaca la importancia de los valores, tanto en el fútbol como en la vida.

¿Qué buscas transmitirles a los jóvenes en este encuentro?

Lo principal es que no pierdan de vista que esto es un juego. Una competencia como la Copa Coca-Cola brinda la posibilidad de interactuar con chicos de todo el país y vivir una experiencia única. Vivimos en un mundo en dónde el éxito y el fracaso importan demasiado; y me gustaría transmitirles que no lo sientan así, que lo peor que les puede pasar es no haberlo intentado. En la Copa es posible que conozcan un amigo para toda la vida, más allá del fútbol, y atesorar una gran anécdota para el futuro.

El resultado y el éxito, ¿están sobrevalorados?

Sí, el mundo en el que vivimos hoy es demasiado resultadista. Pareciera que si no sos campeón no servís para nada y debemos erradicar ese concepto de nuestra vida. Si un alumno es el mejor en un curso, ¿significa que el resto no sirve? Claro que no. El fútbol expone en muchos casos este tipo de pensamiento: uno puede pasar de héroe a diablo de un domingo a otro.

¿Qué valores se busca fomentar en la Copa Coca-Cola?

Valores positivos. La competencia alimenta el sacrificio y el deseo de querer superarse, que son valores que se pueden aplicar en distintas circunstancias de la vida.  No es lo mismo sacarse un nueve que un uno en la escuela: es importante demostrar el esfuerzo que se hace. Después, podés obtener un diez o un siete, pero lo que vale es siempre dar lo mejor que cada uno pueda.  A mis hijos les digo siempre que entreguen todo, y si después se sacan un siete y eso es lo máximo, está bárbaro. Lo que no pueden es guardarse algo, dejar de capacitarse, de esforzarse. 

¿Qué implica para vos ser el padrino de la Copa?

Es una gran satisfacción que una marca tan importante como Coca-Cola me elija para apadrinar este encuentro tan especial destinado a los chicos. Esto me llena de orgullo porque no me convocan sólo por mi pasado futbolístico: lo hacen también por las decisiones que tomé en mi vida y por la imagen que forjé a lo largo de mi carrera.