En un pequeño local a la calle, improvisado en una ventana que da a la vereda, en un carrito en la plaza: cualquiera sea su formato, los kioscos nos “salvan” del apuro cuando estamos en la calle. Más allá de este servicio tienen un rol no tan conocido de carácter social, que en muchos casos puede “salvar” mucho más que el hambre o la sed del momento. .

“El kiosco es donde se junta el barrio, el lugar de encuentro de los ciudadanos”, subraya Graciela Adán, presidenta de Fundación Global, una asociación sin fines de lucro que trabaja en la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Graciela se refiere a la costumbre de la charla extendida entre vecinos. Dice que, con los kiosqueros, el intercambio suele ir más allá del “buen día” y que, por ello, las kiosqueras pueden convertirse en un referente clave para las mujeres de su barrio. Ellas conocen a las familias, historias y vidas de muchos de sus clientes.

“La kiosquera puede ayudar a las mujeres de su barrio”, explica Adán durante un encuentro del programa Mujeres liderando el cambio, del que participan la Fundación y la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) con el apoyo de Coca-Cola de Argentina, en el marco de su programa global de empoderamiento de las mujeres, 5by20.

El pequeño folleto plegable, una herramienta más para luchar contra la violencia de género.

En las reuniones de formación de kiosqueras no sólo se brindan herramientas de gestión para que puedan mejorar su negocio: también se hace foco en información sobre sus derechos, se transmiten ideas que apuntan a desarrollar su autoestima y se las alienta a que reflexionen sobre sus capacidades y potencialidades.

Además, se las insta a pasar a la acción concreta y a ayudar, con prudencia y sutilmente, a otras mujeres que podrían estar en peligro. La fundación produjo un folleto circular y plegable con información acerca de dónde recurrir en caso de violencia de género. Cuando está plegado, el folleto es muy pequeño (cabe en un bolsillo). Esto hace que sea sencillo entregarlo y guardarlo de manera disimulada. “Una kiosquera empoderada puede ayudar a muchas mujeres. Con esta herramienta todas tienen la posibilidad de saber adónde acudir”, explica Graciela, quien agrega: “Empoderar a las mujeres tiene un efecto multiplicador. Las mujeres contagian su fuerza a otras, y esa transmisión permite acelerar los cambios positivos.”

Un pequeño papelito plegado, con la información justa y entregado en el momento oportuno, puede salvar una vida. Así de poderosa puede ser una mujer kiosquera.

Si querés leer más sobre los programas de formación de kiosqueras en la Argentina leé esta nota.