Yolanda Orihuela impone presencia. De andar determinado y charla franca, su mirada es la de una persona en lucha, consciente de que va ganando la batalla. Sentada cerca de la entrada de su kiosco, uno de los cerca de 500 que la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) tiene registrados en Florencio Varela, conversa con Journey rodeada de los productos que vende: desde papas fritas a tintura de cabello, pasando por alfajores, chicles, chupetines, gaseosas, jugos y aguas.

El kiosco ocupa una de las salas de su casa y es el resultado de una historia de superación. Nacida en Perú, Yolanda llegó a la Argentina hace 20 años con su pareja y la determinación de forjarse un futuro mejor. Su camino se torció cuando su compañero falleció y quedó a cargo de sus cuatro hijos.

"Trabajé en muchos rubros gracias a mis padres, que me enseñaron a trabajar desde chica. Prácticamente nací en un comercio", explica Yolanda, que sacaba fuerzas de la adversidad, motivada por su deseo de sacar adelante a sus hijos, pagarles los estudios y transmitirles estabilidad.

Emprendedora de raza, instaló un kiosco de ventana que meses después debió cerrar por problemas económicos y de salud. Pero hace dos años entró en contacto con Norma Blanco, delegada de UKRA en Florencio Varela, quien la invitó a los cursos de capacitación que impartía esa asociación junto a Fundación Global y Coca-Cola de Argentina, y que, le prometió, la ayudarían a recuperar sus ganas de restablecer el kiosco. 

“Me entusiasmé mucho y aproveché lo que aprendí: que las mujeres tenemos que salir adelante, que no debemos decaer”, explica Yolanda con determinación. Se identificó tanto con los programas, que ahora no duda en recomendárselos a otras mujeres kiosqueras que están comenzando con sus negocios.  “Volví a abrir mi negocio gracias a ellos”, insiste.  

Estas capacitaciones, a las que asiste cada dos meses, enseñan a miles de potenciales emprendedores, en especial mujeres, cómo abrir un negocio, cómo gestionarlo, y cómo manejar los aspectos legales e impositivos, entre otras materias. También UKRA pone a disposición una línea telefónica de asistencia ante posibles consultas sobre  sus negocios.

Las largas jornadas laborales de Yolanda dieron sus frutos: “Tengo cuatro chicos, el mayor se recibe de enfermero, la que le sigue ya se gradúa de policía femenina, mi otro hijo es maestro mayor de obras y la más chica, que tiene 16 años, termina este año el secundario. Les dejo el legado más importante: la educación”, señala Yolanda.

Los sueños de esta emprendedora siguen creciendo: Yolanda está ahora centrada en la ampliación de su kiosco, proyecto para el que cuenta con la ayuda económica de sus hijos y el trabajo del que es maestro mayor de obras. La inauguración será “pronto”, anticipa esta guerrera que supo forjar su futuro y el de sus hijos con determinación “Con cuatro chicos tenés que salir a trabajar. Gracias a que conozco este trabajo logré salir adelante, y hoy puedo decirlo orgullosa”, concluye.