La producción frutihortícola, la de cereales, la pesca, el turismo y la ganadería, entre otros, integran el rompecabezas que impulsa y da forma a las economías regionales del país. Constituyen un engranaje dinámico en contínuo movimiento, por lo que constantemente surgen nuevos desafíos. Reunidos en la tercera edición del Foro de Economías Regionales organizado por el diario La Nación, referentes de los diversos sectores expusieron su visión respecto de los retos que enfrentan las diversas áreas productivas del país. 

Javier Martinetto, Presidente de la Cámara Argentina del Maní; Fernando Nebbia, Presidente del Centro Azucarero Argentino y Soledad Izquierdo, Vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones para Coca-Cola del Sur de América Latina, participaron del panel que, moderado por la periodista Carla Quiroga, expuso ante el auditorio su visión del tema.

Aunque podría pensarse que la clave para el crecimiento de las economías regionales se limita alcanzar nuevos mercados -ya sean fronteras adentro o en el exterior-, lo cierto es que para sectores como el agrícola o el ganadero los retos se multiplican: en su producción inciden factores climatológicos, enfermedades y plagas. Ante estas cuestiones, la conformación de alianzas entre productores y empresas permite acceder a más recursos para investigación científica, desarrollo tecnológico, generación de empleo y aumento de los rindes.

Precisamente porque el agro constituye el eslabón inicial de su cadena de valor, Coca-Cola mantiene acuerdos con productores locales del norte del país, del litoral, del Alto Valle y de Cuyo. “Hoy compramos a las economías regionales insumos por U$S 250 millones y generamos 260.000 empleos”, explica Soledad.

El diálogo continuo con los productores para entender sus problemáticas y acompañarlos en la obtención de mejores resultados permite afinar la sintonía entre las necesidades de la industria y los agricultores, lo que redunda en beneficios para ambas partes. “La verdad es que la mejor forma de ayudar y alcanzar soluciones de largo plazo es reunirnos con ellos, ir al campo, entender sus problemáticas, conocer sus historias”, añade Soledad.  En el litoral, por ejemplo, gracias a un acuerdo entre la Asociación de Citricultores de Concordia, Coca-Cola de Argentina, el INTA y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) permite, por un lado, avanzar en el control del HLB –una enfermedad que ya destruyó el 30% de la producción citrícola mundial-; por otro lado, desarrollar nuevas variedades para la industria.

Al mismo tiempo, Coca-Cola actúa como puente para que los productores puedan acceder a mercados internacionales. “Al ser una compañía global pudimos trabajar con nuestros colegas y buscar oportunidades para que los productores argentinos puedan insertarse en la cadena de valor de la Compañía a nivel global”, explica Soledad. Este impulso permitió a los productores de Concordia exportar sus cítricos a China, Brasil, Chile y Perú, entre otros países.  

Otro de los objetivos de Coca-Cola se centra en la sustentabilidad: “Nos comprometimos a que  para 2020 catorce de nuestros insumos clave a nivel global provengan de fuentes sustentables”, destaca Soledad. De allí la importancia de seguir trabajando junto a los productores. “El futuro de las economías regionales –asegura- reside en articular el trabajo con diferentes sectores.”