En el primer piso, bebés y niños juegan en la ludoteca; en la planta baja, sus mamás aprenden a cocinar y reciben asesoramiento nutricional. La escena se repite dos días por semana en el centro CONIN (Cooperadora de la Nutrición Infantil) de Barracas, uno de los espacios desde donde la Fundación Pilares trabaja por una sociedad sin barreras. Situado en el corazón de la Villa 21-24, el lugar recibe a 90 niños con problemas de desnutrición de diferente grado, a sus madres y a mujeres embarazadas.

El equipo especializado que allí trabaja –integrado por pediatras, nutricionistas, una psicopedagoga, un terapeuta ocupacional y una trabajadora social– sigue el desarrollo de esos niños y aconsejan, acompañan y guían a sus madres para poder revertir la situación de los pequeños.

Presente desde 2008 en la Villa 21-24 de Barracas, la Fundación Pilares realiza un abordaje integral para promover el desarrollo de las familias del barrio, donde el 70% de sus habitantes vive con alguna necesidad básica insatisfecha. En 2012 la fundación inauguró el Centro CONIN Barracas que, financiado en parte por Coca-Cola FEMSA (una de las embotelladoras de Coca-Cola en Argentina), trabaja desde entonces para combatir la desnutrición infantil.

El programa de Prevención de la Desnutrición Infantil se centra en acompañar al grupo familiar a través de la asistencia y la educación. En ese sentido, se considera que la educación de la madre, como principal agente sanitario, es la base de todas las intervenciones que se desarrollan para la recuperación del niño que tiene problemas de nutrición.

Por ese motivo, las 80 madres que integran el programa en el centro de Barracas reciben charlas sobre salud y nutrición, y participan del taller de cocina donde aprenden a enriquecer los platos que preparan con los alimentos que, semanalmente, reciben de manera gratuita para llevar a sus hogares.  

De esta forma, señala Tatiana Fuentes, Coordinadora del Centro, esas madres les pueden “brindar a sus hijos alimentos más nutritivos acordes a su edad”. Sin embargo, el alcance del programa llega a toda la familia, que suele estar formada también por otros hijos que no tienen acceso al programa nutricional que brinda CONIN.Cada caso se trata individualmente, se estudia y se determina un plan de acción según el progreso del niño y su mamá.

Miriam Celeste Ifan lleva ocho meses asistiendo a este taller junto a sus dos hijas, de dos y cinco años.  “Hago comida saludable y rica, porque realmente no sabía cocinar”, explica Miriam, quien asegura que en el centro aprendió “mucho más que llenar un estómago”. Gracias a las pautas nutricionales que incorpora cada semana, puede idear un menú saludable para su familia, emplea productos frescos, y sabe qué alimento contiene las vitaminas exactas que harán que sus niñas crezcan fuertes y sanas.

Para Miriam, el centro es una ayuda fundamental que ha mejorado en gran medida su vida. Tener una ocupación, aprender y compartir experiencias la hace sentir bien. Y es consciente del cambio que ha dado su vida desde que ingresó al Centro.

“Me voy a sentir bien para trabajar cuando salga de acá, voy a salir preparada para enfrentar cualquier cosa porque los psicólogos nos enseñan eso: a enfrentar las cosas y a valorarnos”, destaca Miriam.

El trabajo en el centro rinde sus frutos: en lo que va de 2017, 30 niños y sus mamás fueron dados de alta luego de completar el tratamiento con éxito. Una cifra esperanzadora que renueva las fuerzas de todo el equipo que allí trabaja, y de las mujeres que cada semana se dan cita allí.