Del gran tubo de ensayo salen dos “sorbetes”: uno para aspirar el aire, el otro para succionar de entre los naranjos al Diaphorina Citri, conocido en el litoral argentino como “Chicharrita”. El procedimiento, que toma sólo unos segundos, permitirá llevar el insecto al laboratorio y comprobar que no es portador del Huanglongbing (HLB), una enfermedad bacteriana mortal para los cítricos que ya acabó con el 30% de la producción mundial.

Este año, en Entre Ríos ya se monitorearon 1.281 hectáreas, gracias a la articulación entre la Asociación de Citricultores de Concordia y Coca-Cola de Argentina, que aportó $7.000.000 para acelerar el ritmo de control sobre las plantaciones, paso fundamental para prevenir que la eventual llegada del HLB a la región afecte a la producción de cítricos en la zona, motor económico de la región.

Juan Verliac, Director Técnico de la Asociación de Citricultores de Concordia, acompaña a Journey en su recorrido por los campos de naranjos. “El Diaphorina Cetri se convierte en portador del HLB en cuanto perfora un árbol contaminado, y así lo va transmitiendo. El HLB es la enfermedad más complicada de los cítricos, ya que su acción determina la muerte de la planta”, explica. Ingeniero agrónomo por tradición familiar, Juan celebra las acciones preventivas que se realizan en la zona ya que el HLB “hasta la fecha no tiene cura”, por lo que es necesario talar cualquier árbol infectado.

Detección temprana del HLB, la clave

Según información internacional destacada por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), si la enfermedad se instala en un área productiva puede generar un retroceso de rendimiento de hasta el 40 % en menos de cinco años.

Originaria de India, el HLB pasó a China y de Asia llego a América, afectando especialmente Estados Unidos -en Florida quedó en pie sólo el 8% de la producción- y Brasil, donde se perdieron 200.000 hectáreas de cítricos. En 2013 se detectaron cinco casos en Misiones, “provincia que hoy ya tiene alrededor de 200 casos positivos”, explica Juan con preocupación.

Se generó entonces un plan de acción, donde la detección temprana juega un rol clave. “Prevenir la llegada del HLB va más allá de una cuestión productiva: es una cuestión social. Acá son todos pequeños y medianos productores. El 95 % de los productores de Entre Ríos no llega a las 50 hectáreas y trabaja en familia”, expone Juan, cuarta generación de citricultores de Concordia. Coca-Cola compra a productores locales 42.000 toneladas anuales de jugo concentrado, que representan U$S250 millones anuales para las economías regionales.

“Hasta ahora todos los monitoreos dieron negativo, lo que nos acredita a afirmar que Entre Ríos es una provincia libre de HLB”, celebra Juan, quien sentencia que “Concordia es la capital del citrus, y seguirá siéndolo”. Que así sea.

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